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La inmanencia: la Tierra es mi lugar, no el cielo

La inmanencia: la Tierra es mi lugar, no el cielo
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Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?.”

Mateo 16: 25 y 26

Buenas a todos! Desde hace mucho no escribía en el blog, y me gustaría volver con regularidad para presentarles contenido que me parece relevante según lo que vivimos los días de hoy.

Arrancaremos con una pequeña serie llamada “Los Nuevos Pecados Capitales del Siglo XXI”, que en realidad no es de mi autoría, sino que son predicaciones que se dan en mi iglesia y quisiera compartirles parte de ellas y complementarlas con lo que crea necesario. Espero que les guste tanto como a me ha gustado a mí.

La iglesia primitiva, al intentar crear un cierto código ético para los miembros de aquel entonces, tomó una lista de pecados capitales que tenían como objetivo que la gente supiera la importancia de esos pecados. Si buscamos la historia, a principio eran 8, pero en el siglo XIII se redujeron a 7 (información no muy relevante, pero les comparto, jeje). Para que los tengan presentes, dichos pecados son: soberbia, avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia e ira. Siempre es bueno tener en cuenta que la Biblia no codifica los pecados en ningún orden particular, sino que esto es una clasificación humana.

¿Porqué se llaman capitales? En latín, la palabra “caput”, o la palabra “capitilis” significa cabeza. Lo que se pretendía decir era que cada uno de esos pecados eran “cabeza”, es decir, los que estimulaban a otros pecados.

Sin embargo, trataremos en una pequeña serie, lo que serían los nuevos siete pecados capitales del siglo XXI, y como estos afectan a nuestras vidas, la de nuestra congregación y de nuestra sociedad como un todo.

Hoy arrancamos con el primer pecado capital del siglo XXI: la pérdida del sentido de trascendencia. Es algo que afecta principalmente a la comunidad cristiana, pero que a rasgos generales ha infundido a la cultura mundial en general.

¿Qué significa trascender? La palabra castellana viene del latín “trascendere”, donde “tras” significa pasar de un lado a otro, de una situación pasada a una nueva situación actual, podríamos decir; “cendere” significa escalar, subir. Por lo tanto, la trascendencia es trasladarnos, pasar a un lugar mucho más elevado.

Lo contrario de trascendencia, o palabra más directa a nuestro pecado capital es inmanencia, pudiéndose entender, a través del latín: “in” significa hacia adentro; “manere” significa “estar en el propio lugar”, quedarse donde uno está. La inmanencia es en definitiva quedarse con lo que uno tiene. Estar satisfecho con la situación actual, con el mundo que vemos.

Entendiendo esas definiciones, entendemos que el hombre y la mujer actuales han perdido el sentido de la trascendencia. El ser humano ha perdido el propósito y el sentido de la vida, el sentido de la búsqueda por trascender, la necesidad de comprender que la vida real no es la que vivimos, vemos y tocamos, sino que la que Dios tiene preparada para nosotros, una vida que está más allá de la vida terrena actual. Por haber perdido esto, el ser humano trata de llenar este vacío con estímulos alternativos y secundarios, en realidad, estímulos inmanentes, que tienen que ver con este mundo.

Sabemos que no todas las culturas y religiones predican la verdad de una vida eterna tras la muerte. Esta es una verdad predicada por el cristianismo principalmente. Sin embargo, es triste ver que incluso las comunidades cristianas a nivel general también han sido afectadas por este mal. Se olvidan de que lo más importante es combatir el buen combate, prepararse para los desafíos diarios de la carrera cristiana hacia la obediencia a Dios, y somos muchas veces influenciados por ideologías postmodernas donde lo más importante es satisfacernos a nosotros mismos, pues esto nos hace olvidar de nuestro vacío, generado por olvidarnos buscar una vida trascendental.


El que encuentra el sentido de la vida, no solo vence el vacío, sino también la necesidad de llenarlo con cosas ajenas y inmanentes. Quien da sentido a su vida no sobrevive, vive.

El hombre de hoy no sabe a dónde va, y esto quiere decir que está perdido, sin rumbo, desorientado.


Hay que volver a pensar en el tema de la trascendencia. Necesitamos volver a la fuente.

Leamos otra vez el versículo 26:

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

Podríamos adaptar la frase al contexto de nuestra charla: “¿de que sirve ganarlo todo, si se pierde el sentido del más allá, lo eterno?

Debemos cambiarle la prioridad del más acá, y volver a preocuparnos con el más allá. Romper con la idea de que lo que nos hace exitosos son los criterios impuestos por el mundo, sino que comprender que lo más importante es cumplir con lo que Jesús nos dejó a través de la Palabra.  

romper

Estamos siempre preocupados con los éxitos, sean éstos económicos, profesionales, personales, sociales, comunitarios, políticos, estudiantiles, etc. Volcamos casi el 100% de nuestros esfuerzos a diario para lograrlos. Básicamente, es absolutamente todo lo que un ser humano puede buscar.

Cabe enfatizar que no está mal, sino que nosotros debemos tener la sabiduría y comprender que no son lo más importante. Son actividades que a través de las cuales nos mantenemos aquí, pero en realidad debemos buscar esas cosas en segundo lugar, y darle prioridad a entender que Jesús se ha muerto para privarnos de la condenación y darnos la vida eterna, una vida eterna a su lado.

Todo lo mencionado son cosas inmanentes, cosas que no permanecen, que no trascenden, cosas que no llevaremos al más allá. Lo que Jesús nos dice es que lo más importante es nuestra alma.

 

Les comparto una historia, no muy comprobada, pudiendo ser un mero cuento, pero que sirve para reflejar lo lindo de haber comprendido esto:

Hace alrededor de 250~300 años descubrieron el cadáver de Carlos Magno, un importante conquistador europeo de los años de la Baja Edad Media (aproximadamente años 750), y dicho cadáver estaba momificado. Estaba sentado sobre un mármol con su impresionante vestimenta real y tenía en su mano su cetro sublime, rodeado de diamantes, y con un dedo huesudo señalaba un texto del Nuevo Testamento. ¿Qué texto Carlos Magnoera? Mateo 16:26.

“¿De qué sirve ganar un mundo entero y perderse el alma?” Imagínense qué mensaje nos quiso dejar este gran conquistador. “Yo logré absolutamente todo. Alcancé absolutamente todo. Conquisté todos los reinos. ¡Todos los tesoros! Pero ahora que estoy llegando a mi muerte me doy cuenta que si pierdo mi alma lo pierdo todo.”

La sociedad de hoy es una sociedad inmanente. Como les decía anteriormente, sutilmente somos influenciados por hacer parte de esta sociedad contemporánea, porque nos empuja a todos a correr tras aquellas cosas que aquí se quedan. Inmanencia.

La pérdida de trascendencia es el caput, la cabeza de muchos otros pecados, porque lo único que nos interesa es lo de acá, y para poder lograr y quedarnos con lo de acá hay una serie de pecados que se empiezan a activar, mucho de los cuales vemos en la lista de los siete pecados capitales, y de otros que veremos en las siguientes publicaciones.

“Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.

Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo.” Ecl 1:12-13

“Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.” Ecl 2:11

Algo que también comprendió el gran rey Salomón. Pero finalmente concluye que todo era vanidad, y que no hay provecho que se saca en esta vida.

Como ya dicho, no se trata de que buscar las cosas de este mundo es equivocada, sino que el tema se centra en las prioridades que le damos a las cosas que hacemos y pensamos.

Tengamos el cuidado de tener esto presente en nuestras vidas, en nuestro cotidiano, sabiendo que debemos preocuparnos a priori con las enseñanzas de Jesús. Aplicarlas en casa, en el trabajo, en la universidad, en el club, en la política, etc, y fundamentalmente saber que cuanto a cualquier cuestión inmanente, Dios es soberano y tiene nos acompaña a diario en cualquiera de nuestras preocupaciones, y nos tiene mucho cuidado y amor.

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

Mateo 6:31-34

Busquemos lo alto. Busquémoslo a través del renuevo constante de nuestro corazón respecto de las Escrituras. Trascendamos.

trascender

 

Acerca Marcos Franco

Brasileño, cristiano reformado, estudiante de comercio internacional, buen novio y buen hijo. Músico frustrado, admirador de lo simple, de la creación y de las obras de J. R. R. Tolkien.

Primer Comentario

  1. “No se conformen a este siglo, sino más bien sean transformados por medio de la renovación de su entendimiento; para que comprueben cual sea la buena volunda de Dios, agradable y perfecta.”
    Romanos 12:2