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Incidente Templo
Tengo que confesar: Siento una tremenda aflicción cuando percibo que la iglesia, en la seducción al pecado de la grandeza y la tentación de llegar hasta el poder de Dios a cualquier costo, haya salido de la fe original propuesta por Cristo. También reafirmo mi esperanza en los santos - aquellos que todavía respiran el aire del evangelio de la cruz de Cristo - y los profetas - aquellos que ejercen la fe en el sentido de aproximar al ser humano a la nueva vida dada por medio de cristo - que militan a la contramano de la iglesia del mercado. Es notorios que hay una grande insatisfacción de muchos cuando se observa la iglesia que está ahí, pero, al mismo tiempo, hay otros, que de alguna forma se encuentran en una ceguera preocupante y viven anestesiados con la situación precaria de las megas iglesias. Es cada vez más evidente que la iglesia en la cual estamos convirtiéndonos no es la iglesia por la que Cristo murió. Esta distancia entre los cristianos y el espíritu de Cristo denuncian nuestra intención de transformar la iglesia en una especia de cuarto poder vigente que anda en pasos largos sin aproximarse un palmo de su realidad. Ese movimiento amplio y enfermizo en el cual la iglesia se ha inclinado le dimos el nombre de "Cristianismo del mercado" por no encontrar otro más apropiado. Es "de mercado" porque está siendo regido a partir del clientelismo que tenemos con la espiritualidad. Se engaña quien piensa que este tipo de fe es exclusiva de un grupo religioso específico, una vertiente dominical, o, un falso profeta reconocido públicamente. Este mercado de fe está presente inclusive en el medio de la genuina iglesia de Jesús. Precisamos dejar la infantilidad y mirar a la iglesia con madurez, saber que algunas de las acusaciones contra la iglesia, a pesar de las lamentables, son reales y verdaderas. Somos una iglesia grande, pero inofensiva. Una iglesia numerosa, pero dividida. Relativamente teórica, pero ineficaz en las cuestiones prácticas. Claro que no estamos señalando los frutos de iglesias específicas, y si un general actual. Somos todos invitados a sumergirnos en una experiencia de iglesia en el sentido integral, que modifiquen nuestras estructuras internas y las realidades que están en nuestra vida. No es una invitación para entrar en todas las órdenes morales de la iglesia simplemente, pero clamamos para que ingresemos en una verdad interna y concreta de madurez en relación al amor, a la verdad y las realidades que encontramos en nuestro día a día el cristo que tanto predicamos. No lo invito para danzar conforme a la música, ceremonias y credos dogmáticos, pero si a vivenciar la experiencia de compartir, aprender y experimentar la nobleza de dividir y sumar en comunidad. Cada día percibo que la iglesia de Cristo no está del lado de afuera institucional, en los acentos periféricos apuntando el dedo para los líderes y los expongo de manera agresiva e irresponsable, levantando la bandera de la "iglesia sin banderas", pero también no se encuentra del lado de adentro de la iglesia en masa, inclinándose a un liderazgo autoritario, manipulador y abusivo que en el nombre de Dios manipulan a las personas en pro de si mismos o de la estructura institucional.

El cristianismo del mercado

El cristianismo del mercado
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Tengo que confesar: Siento una tremenda aflicción cuando percibo que la iglesia, en la seducción al pecado de la grandeza y la tentación de llegar hasta el poder de Dios a cualquier costo, haya salido de la fe original propuesta por Cristo.

También reafirmo mi esperanza en los santos – aquellos que todavía respiran el aire del evangelio de la cruz de Cristo –  y los profetas – aquellos que ejercen la fe en el sentido de aproximar al ser humano a la nueva vida dada por medio de cristo –  que militan a la contramano de la iglesia del mercado.

Es notorios que hay una grande insatisfacción de muchos cuando se observa la iglesia que está ahí, pero, al mismo tiempo, hay otros, que de alguna forma se encuentran en una ceguera preocupante y viven anestesiados con la situación precaria de las megas iglesias.

Incidente Templo

Es cada vez más evidente que la iglesia en la cual estamos convirtiéndonos  no es la iglesia por la que Cristo murió. Esta distancia entre los cristianos y el espíritu de Cristo denuncian nuestra intención de transformar la iglesia en una especia de cuarto poder vigente que anda en pasos largos sin aproximarse un palmo de su realidad.

Ese movimiento amplio y enfermizo en el cual la iglesia  se ha inclinado le dimos el nombre de “Cristianismo del mercado” por no encontrar otro más apropiado. Es “de mercado” porque está siendo regido a partir del clientelismo que tenemos con la espiritualidad. Se engaña quien piensa que este tipo de fe es exclusiva  de un grupo religioso específico, una vertiente dominical, o, un falso profeta reconocido públicamente. Este mercado de fe está presente inclusive en el medio de la genuina iglesia de Jesús.

Precisamos dejar la infantilidad y mirar a la iglesia con madurez, saber que algunas de las acusaciones contra la iglesia, a pesar de las lamentables, son reales y verdaderas. Somos una iglesia grande, pero inofensiva. Una iglesia  numerosa, pero dividida. Relativamente teórica, pero ineficaz en las cuestiones prácticas. Claro que no estamos señalando los frutos de iglesias específicas, y si un general actual.

Somos todos invitados a sumergirnos en una experiencia de iglesia en el sentido integral, que modifiquen  nuestras estructuras internas y las realidades que están en nuestra vida. No es una invitación para entrar en todas las órdenes morales de la iglesia simplemente, pero clamamos para que ingresemos en una verdad interna y concreta de madurez en relación al amor, a la verdad y las realidades que encontramos en nuestro día a día el cristo que tanto predicamos.

 No los invito para danzar conforme a la música, ceremonias y credos dogmáticos, pero si a vivenciar  la experiencia de compartir, aprender y experimentar la nobleza de dividir y sumar en comunidad. 

Cada día percibo que la iglesia de Cristo no está del lado de afuera institucional, en los acentos periféricos apuntando el dedo para los líderes y los expongo de manera agresiva e irresponsable, levantando la bandera de la “iglesia sin banderas”, pero también no se encuentra del lado de adentro de la iglesia en masa, inclinándose a un liderazgo autoritario, manipulador y abusivo que en el nombre de Dios manipulan a las personas en pro de si mismos o de la estructura institucional.

Acerca Alejandro Maisonnat

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